El ópalo, es un mineraloide del grupo IX (Silicatos, Tectosilicatos), relacionado con los cuarzos, aunque no es un cuarzo, y que se caracteriza por su brillo, lleno de colores y movilidad. Tiene una dureza de 5-6.5 en la escala de Mohs, lo cual no es mucho.
Acordaros de que el cuarzo tiene un 7, así que aunque el ópalo es una piedra magnífica a la hora de diseñar joyería por su peculiaridad, hay que cuidarla con un poco más de cariño.
La verdad es que no se ve mucho, pero en Inglaterra y EEUU es muy popular.
Es una pena porque para mí es de las piedras que más llaman la atención de nuestro gremio.
Poseedora de una gran belleza, tiene historias buenas y malas a sus espaldas, lo que la convierten en una gema aún más especial.
Rodeado de un halo de superstición*, se le atribuyen multitud de propiedades: algunas malignas y otras enormemente beneficiosas. Tiene la fama de poseer la virtud de transmitir la verdad y amplificar las cualidades de quien la porta. Ojo, tiene efecto boomerang, así que se te dará lo que tú des con ella.
Es la piedra de los sueños, obligando de alguna manera a su dueñ@ a potenciar lo mejor de sí mism@, librarse de sus defectos y dejarse iluminar por lo que le muestran los deseos de su subconsciente. De ahí que mucha gente advierta de que es una piedra que requiere una responsabilidad moral para quien la luzca, puesto que todo lo que se proyecte con ella se elevará al cuadrado y le será igualmente devuelto.
Es de las piedras más usadas en la adivinación y de las más purificadoras. Limpia el alma y la hace brillar.
Su aspecto cuadra totalmente con lo que transmite: una vorágine de colores, de componentes, que nos terminan por mostrar una piedra única, con reflejos, matices y brillos muy diversos con efecto hipnotizador.
Existen múltiples variedades de ópalo: el ópalo de fuego, con brillos y tonos anaranjados; el ópalo precioso, que el ópalo más común y el más utilizado en joyería por sus brillos irisados; el ópalo leñoso: con vetas de colores oscuros y cuerpo marrón; el amarillo, el pardo-amarillo, el marrón y negro; el llamado “prasópalo”: de color verde o el “hialita”: transparente y con brillo vítreo, etc.
En mi opinión, es radicalmente un must. A nivel material y espiritual. Llama la atención, es capaz de darle a un look un aire boho, desenfadado o drásticamente refinado, en función de la pieza en la que la incorporemos y cómo. Grande o pequeña, se ve, se nota.
Mi consejo es que os hagáis con una joya que tenga un solo un ópalo, quizás dos… Pero si juntamos más de tres, a mi juicio se sobrecarga la pieza y el propio ópalo pierde totalmente su grandiosidad y se saturan los tonos. Podéis mezclarla con otras piedras, pero no con otros ópalos.
No lo mezcléis con prendas de muchos colores, de nuevo le quitaríamos toda la importancia y pasaría desapercibido o abarrotaría el estilismo: mejor con blanco, negro o animal prints. En este caso: menos es más.
Ahora que África y Oriente son la tendencia estrella de la temporada (aquí debajo tenéis los desfiles de Chanel, Isabel Marant, Lanvin y Cavalli de primavera/verano 2016) es fácil verlo entremezclado con otras piedras en collares, pulseras y pendientes. Veréis cómo cambia vuestro outfit y conseguís ese aire más fresco, exótico y mágico.




Animaos como he hecho yo, en este caso mezclándolo con otros collares 😉
Erika
*¿Y qué pasa con lo de la mala suerte?
Al parecer la leyenda negra que acompaña al ópalo viene motivada por la novela “Anne de Geierstein”, de Walter Scott, donde es la causante de multitud de desgracias; así como de la historia real de Alfonso XII, que al enamorarse de Virginia Doini, condesa de Castiglione, pero casarse finalmente con su prima, María Mercedes de Orleans, se cuenta que la condesa, despechada, le mandó un “ópalo maldito» como regalo de esponsales, lo que trajo tras de sí una serie de muertes y enfermedades inexplicables afectando a todas las mujeres que rodeaban al monarca; y que acabaron cuando María Cristina de Habsburgo la hizo bendecir en el Santuario de la Virgen de La Almudena.
El dolor y frustración de una mujer despechada pueden ser capaces de arruinar la vida de quien se le ponga por delante, eso es algo que no ha cambiado, por muchos siglos que pasen. Ya sea en forma de ópalo o de Ipad, no creo que el objeto sea el portador del mal,si no el alma atormentada que lo manda. Llamadlo karma, llamadlo energía. El ópalo tiene mucha más energía positiva que negativa. Los transmite.
Y afortunadamente, os prometo hemos tenido y tenemos clientas que han sido y son muy felices, llevando un ópalo.
A mí me inspira mucha energía, fuerza, y positivismo, quizás porque soy una positiva nata, pero creo que ese es el poder del ópalo: intensifica lo que uno es; y cuando llevas una puesto, irradias luz, os lo aseguro.
