«Soltó unas perlas…»

Pues hombre, si son de palabra yo os animo a soltar las que queráis. Siempre mejor fuera que dentro, ese es mi lema (y creo que el de Shrek pero no hablamos de lo mismo…). Ahora bien, si hablamos de esas preciosas esferas hechas de mantos de nácar, no las soltéis, al contrario: ¡agarradlas bien fuerte!

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Personalmente siempre he tenido mi propio dilema personal con estas maravillas de la naturaleza.

Las perlas envejecen”. Esta es una afirmación suprema que he escuchado millones de veces mientras trabajaba en moda y que la mayoría de las veces he compartido. Cuando mi padre y mi tío lean esto me van a nominar para ser la próxima expulsada de la empresa. NO, un momentito. Vamos a ver, todo tiene su explicación y sus excepciones.

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Nosotras solemos asociar las perlas a nuestras abuelas, o a esas señoras mayores que a veces nos encontramos en invierno por la calle, andando despacito, con su visón, el bolso bien agarrado, cardado inamovible y las susodichas perlas. Claro, visto así y unido al movimiento «pijil» años 90 de “chicas bien” que se vestían con polo de Ralph Lauren y pendientes de perla (todo muy Hombres G), todo lo que sea redondo y nacarado tiende a espantarnos.

Pues ha llegado el momento de desterrar estos horribles pensamientos que nos unen a las perlas  y sacarlas, soltarlas, y ¡lucirlas!

Sí, con moderación (bueno, ¡o no!) y adaptándonos a los tiempos que corren, porque podemos reinventar esas perlas heredadas o las que tenemos enterradas en algún cajón a las tendencias de temporada. También podéis compraros unas nuevas porque el rango de precios es tan amplio como el repertorio de Raphael.

Balmain, sin ir más lejos: Olivier Rousteing nos ha lanzado una legión de vestidos-coraza sostenidos por perlas ante los que hay que rendirse por puro flechazo. Ya sé que no vamos a forrar ahora un vestido de perlas, 1. Porque nos saldría más caro el arreglo que el vestido, 2. Para cuando ya estuviera listo ni te acordarías de que habías encargado forrar el vestido, y 3. no es lo mismo que lo hagamos nosotras que el equipo de Balmain. Pero tampoco es necesario, nos sirve solo como inspiración y para ir perdiéndole el miedo a la perla.

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No se puede hablar de perlas sin hablar de Chanel, y de su propia maestra fundadora y creadora, Mademoiselle Coco. Ella fue quien rescató esas perlas rancias del fondo del océano pomposo de la moda casi rococó que imperaba en la época de su aparición, para recrearse en su brillo nacarado, su movilidad y su capacidad camaleónica de transformar un look sencillísimo, casi sobrio, en EL look.

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Un vestido negro, es un vestido negro, y puede ser ideal o puede ser eso, un trapo negro. Es OBLIGATORIO tener el en armario un petit robe noire, hasta ahí llegamos todas, pero si le metemos unas perlas que caigan por la espalda, o unas largas por delante hasta la cintura, con nudo en la parta baja o alta, también a modo de gargantilla en varias vueltas, o como simples pendientes de bola… Combinado con un toque punk: tachuelas, un bolso boy (o cualquiera de Chanel, nunca falla en elegancia y obvia decir que no es nada pereza), una blazer de lentejuelas, una perfecto motera… Entonces ese pequeño vestido negro se convierte en EL vestido negro. Triunfo asegurado.

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He ahí algo que no todas las joyas tienen pero que a las perlas les sobra: tiempo. ¿Y qué le aporta el tiempo? Variedad, evolución, desarrollo, imaginación y atemporalidad. Nunca digas no a unas perlas, si sabes combinarlas son un acierto seguro. Son casi como el diamante, pero generalmente más barato, aunque hay de muchos tipos.

Por si alguien aun no sabe muy bien de dónde proceden las perlas, voy a intentar daros una explicación muy sencilla. Las otras son sus madres. Eso es así. Solo salen de la ostra o molusco muy similar (las de verdad, las de bisutería no, lógicamente, pero a esas no las llamamos perlas, las llamaremos como lo que son:  “bola imitación a perla”).

Esa es la madre, el padre puede ser la madre naturaleza o el hombre. En ambos casos, algún elemento irritante penetra en la ostra y esta no es capaz de expulsarlo. A partir de ese momento el manto de la propia ostra, comienza a segregar capas de aragonito y conquiolina que formarán el nácar, y que acabara recubriendo el elemento extraño. Cuanto más tiempo permanezca esa perla en el interior de la ostra, más capas de nácar se depositaran sobre ella.01-2279143_0x440

 

El nácar que recubre a las perlas presenta un efecto especial, debido a la interacción de la luz en las diversas capas. Este efecto se denomina “oriente” y junto a otras características (color, tamaño, forma, etc.) marcarán la belleza y calidad de la perla.

Como he dicho antes, su origen puede ser natural o cultivado (es decir que ese elemento extraño que se convierte en perla lo introduce el hombre dentro de la ostra, en lugar de entrar de forma natural). En la actualidad prácticamente todas las perlas que se comercian son cultivadas.

 

Dependiendo de en qué parte del interior de la ostra se formen, son de un tipo u otro porque adquieren formas diferentes. Pueden cultivarse en agua salada; como la Akoya (de hasta 10mm), la Australiana (que suele ser la más grande y vistosa) o la de Tahití (en colores grises, negros y oscuros); o en agua dulce, como se hace en Japón y China, donde otros moluscos muy similares a la ostra se usan de forma más “industrial”, dentro de lo que a naturaleza se refiere. En ellas se pueden insertar hasta 20 o 30 trozos de manto.

carrie bradshaw sarah jessica parker collar perlasAl principio estas perlas eran bastante planas e irregulares, pero ahora las técnicas se han perfeccionado muchísimo, habiendo ya en el mercado un gran elenco de ellas prácticamente redondas y de hasta 14 mm de diámetro. Aunque la calidad no es comparable a las de agua salada, el precio es notablemente inferior, y hay que reconocer que en algunos casos es difícil ver la diferencia a simple vista sin ser un experto. Esto no beneficia en nada a los cultivadores y vendedores de perlas de mayor calidad, pero sí a los consumidores, que pueden adquirirlas a precios razonables. No puedes forrarte un vestido con ellas pero sí llevar unos collares largos, de vueltas o con perlas grandes y bonitas por un módico precio.

Es como en todo: tú eliges si prefieres un bolso de Zara o de Prada. Tú eliges si quieres la perla de agua dulce o la salada. En ambos casos depende más de cómo y de qué forma te las pongas, que de las perlas en sí.

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Que se lo digan a Coco Chanel: la pionera en la bisuteria deluxe. Nadie puede negarme que da gusto ver esa bisutería en cualquiera de sus diseños. Lagerfeld, como buen aprendiz, ha sabido mantener esa bisuta y las perlas, e incluso mezclarlas con looks versión punk, grunge, disco, 90’s, baby doll o helénicos, sin olvidarse nunca de conservar ese charme de la Maison. Dos genios y multitud de inspiraciones para sacar esas perlas a la calle.arete-estilo-dior-usado-por-las-estrellas-de-hollywood-584101-MCO20273756691_042015-O

¡Ah! Y de las otras, de las que soltamos por la boca: os animo a que no cesen. Que siempre sean a la cara de quienes son protagonistas, expresadas con elegancia y educación, pero siempre honestas. Y si alguien se merece alguna directa un poco menos fina que de costumbre, soltadlas también, porque hay gente que se merece que les regalen perlas y joyas diariamente, pero de las buenas, y otras que se merecen que se las tiren directamente a la cabeza. Igual que en la moda, vosotr@s decidís.

Para ayudaros con las diferentes clases y estilos de perlas, hacer diseños de collares, anillos, pendientes, era cuffs o pulseras, podes acudir a mí como profesional y os prestaré mi ayuda más que encantada.

Si necesitáis de mi consejo para soltar el otro tipo de perlas, también puedo ayudaros, pero el café o el vinito lo pagáis vosotr@s. 😉

Erika

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